Cada botella de cava reclama una circunstancia propicia, el cuidado y el entorno apropiados para una fiesta de los sentidos y de las emociones. Las indicaciones siguientes le ayudarán a crear ese ambiente especial que hace de lo más sencillo y cotidiano de nuestras vidas un verdadero acontecimiento.
Elegir un cava
Cada momento es un matiz distinto en nuestras vidas. Por eso la elección de un cava es algo tan personal. Elegimos entre matices, colores, tonos: variaciones de la melodía básica del cava. Cada momento nos reclama un aroma, un color... sensaciones diversas.
Un cava para cada momento
Los cavas, por su diversidad de tonos y variaciones, son un excelente acompañamiento en el aperitivo, en el almuerzo, a media tarde o por la noche. Cada cava es cómplice o aliado de distintos placeres de la mesa. Así, un brut joven es ideal para un aperitivo, cócteles, entrantes suaves, pescados y mariscos. Un brut nature acompaña gratamente el caviar, los mariscos y el pescado azul. El brut reserva es idóneo para carnes rojas, caza o guisos. Los cavas secos, para carnes blancas y guisos suaves. Y, finalmente, los semisecos con postres y dulces.
Elegir la copa
La copa idónea para mecer el cava, disfrutando de sus aromas y mostrando la belleza y calidades de sus burbujas, es la copa de tulipa, de cuerpo alto y boca estrecha, y también la tradicional aflautada. El cristal ha de ser transparente, que favorece el desprenderse de las burbujas y muestra su mágico y efímero itinerario, así como los matices de color.Enfriar el cava
La temperatura del cava es fundamental para degustarlo. Conviene enfriar el cava durante unas horas en el frigorífico antes de servirlo. Otra forma efectiva de enfriarlo es sumergir el cava en una cubitera con cuatro dedos de agua, dos de hielo y un buen puñado de sal gruesa por encima. Comprobará que el hielo se disuelve y que el cava empieza a bajar de temperatura. Entonces estará listo para ofrecer toda su frescura y vivacidad.
Conservar el cava
La conservación del cava requiere un lugar fresco, oscuro, tranquilo, sin olores intensos y con pocas variaciones de temperatura. Una vez abierto, el mayor enemigo de sus cualidades es el paso del tiempo, por lo que sólo podemos servirlo y beberlo sin dejar que se enfríe.
Servir el cava
Se sirve siempre frío, a una temperatura ideal de consumo de entre 5 y 8 ºC. De ahí que no debamos llenar la copa en exceso para que no se entibie y que se recomiende utilizar una cubitera con agua y hielo. Para descorchar podemos usar unas tenacillas especiales. Si sujetamos la botella con la mano en un ángulo de 45º, evitaremos el taponazo y serviremos con elegancia.
Beber el cava
Degustar un cava es un reto para nuestros sentidos que no sólo recae en el paladar. Todos nuestros sentidos han de comprender y captar el mensaje, un mensaje de la tierra, de su génesis, de su historia y de sus valores.
Con la vista examinamos el color, la transparencia, el brillo y sus matices cromáticos, además de la constante formación de burbujas; pero también su presentación, su diseño, la imagen general.
Con el olfato analizamos los aromas, identificando olores florales, frutales, tostados... y valoramos su limpieza, complejidad e intensidad.
Finalmente, con el gusto identificamos, entre otras cosas, el cuerpo, el equilibrio y la persistencia de los aromas en boca. Y el tacto nos habla de los aspectos más físicos de su presentación. Todo color, perfume y sabor... todo sensación, todo mira y habla a quien lo disfruta.
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